En ese sentido, recordó que ante situaciones de cambios vitales es normal sentir por momentos angustia, ansiedad, irritabilidad, miedos, preocupaciones. “Es factible vivenciar todo esto y no quiere decir que se trate de una enfermedad de salud mental. Sin embargo, si no podemos contarlo, no tenemos quien nos escuche esto se puede agravar, llevar a sentirnos solos y no pedir ayuda, por eso es tan importante estar presente”, afirmó.
Pedir ayuda nos ayuda
“Desde que somos concebidos como seres humanos hasta nuestro ultimo día, necesitamos de otra persona para vivir. La salud mental es una construcción colectiva, es imposible pensarnos solos, aislados en el mundo; vamos atravesando el mundo a través del contacto con otras personas”, sostuvo Yécora y apuntó que “pedir ayuda no es un acto de debilidad, es una gran valentía. Primero, porque baja la intensidad de lo que la persona está sintiendo y le recuerda que no está sola. Además, si llegamos a detectar una situación de riesgo que requiera atención especializada, contamos con el sistema de salud con numerosos servicios para consultar y acceder”.
“Podemos acercarnos a consultar cuando uno siente que lo habitual o lo que normalmente disfruta no se disfruta; cuando hay enojo desmedido; reacciones exageradas o no habituales; cuando disminuye el propio cuidado con la alimentación, la higiene o el sueño, por ejemplo; cuando se empieza a consumir alcohol o sustancias; cuando se modifican los hábitos. Es importante consultar: no necesariamente se trata de un problema de salud mental, pero sí nos va a permitir abordar la sintomatología, disminuir el malestar y evitar enfermarse”.
Escuchar, abrazar
“Las principales herramientas preventivas que tenemos en salud mental son escuchar y dar un abrazo. En el caso de adolescentes, los adultos debemos buscar cómo ser referentes afectivos, escuchar más que hablar, buscar espacios, los minutos para preguntar como están, hacerles saber que nos importan, valorar sus logros y no poner tanto énfasis en recomendaciones e indicaciones que a nosotros nos sirven pero que pueden sentirse como exigencias; todo lo que nos permita lograr un diálogo más empático”, precisó Yécora.
Adolescencias y consumos
“En nuestra cultura se entiende consumo como paso a la adultez. Además, las Fiestas están asociadas al aumento del consumo y por ello, debemos trabajar en estrategias de reducción de riesgos y daños, evitar exponernos a situaciones de riesgo porque el objetivo es pasarla bien y no lamentar situaciones vinculadas al consumo como accidentes de tránsito, embarazos no intencionales, peleas. Es una época en la que se consume y mucho, y por ello se debe tratar de seguir con los cuidados: hidratarse con agua, dormir bien, evitar consumos excesivos”.
Vivencias y aprendizaje
Frente a mensajes que insisten con “sentirse bien”, especialmente en el final del año, Yécora explicó: “que algo no salga como esperamos es parte de la vida; no hay nadie que gane más veces que las que pierde. La presión del éxito continuo nos expone a que las situaciones no salgan como las esperamos y debemos tener presente que la única forma de aprender es hacer cosas. Es un proceso que nos deja aprendizaje y experiencia en el cual no estamos solos. No tenemos que resolver todo. Hay muchas formas de hacer las cosas y mientras más acompañados estemos, más chances tenemos de resolver cada situación”.