Al ingreso, el diagnóstico fue preocupante: debilidad generalizada, dificultad para mantenerse erguido, mucosas pálidas, signos compatibles con hemorragias internas y externas, y un evidente estado de deshidratación. Los estudios clínicos y de laboratorio confirmaron un cuadro de intoxicación por cebo tóxico, una de las amenazas silenciosas más graves para la fauna silvestre.
Frente a este escenario, el equipo de la cartera ambiental realizó un tratamiento intensivo con monitoreo permanente. Durante las primeras 48 horas, el ejemplar mostró una evolución alentadora, recuperando estabilidad hemodinámica y capacidad de sostén.
Entendiendo la complejidad que implica la rehabilitación de un cóndor adulto intoxicado, se estableció una articulación interinstitucional inmediata con la Fundación Bioandina y la Fundación Temaikén, referentes nacionales en la conservación de grandes carroñeros. Las instituciones coincidieron en la necesidad de continuar el proceso en un centro especializado, y el 2 de diciembre, el cóndor fue trasladado a las instalaciones del Centro de Recuperación de Especies de Fundación Temaikén, en la provincia de Buenos Aires.
Ingresó clínicamente estable, sin signos de enfermedades infectocontagiosas, y comenzó una etapa clave de rehabilitación bajo un estricto protocolo de aislamiento humano, fundamental para evitar cualquier inconveniente, y garantizar así su futura reinserción en la naturaleza.
Allí fue bautizado Kuntur Kuteq, que en quechua significa “El retorno del Cóndor”. Un nombre que honra su fortaleza y simboliza el esfuerzo colectivo que hizo posible su recuperación.
Hoy, esa historia tiene un nuevo capítulo: Kuntur Kuteq volvió a desplegar sus alas en libertad. La liberación se realizó en la Cuesta de Lipán, un escenario emblemático donde el cielo y la montaña se encuentran para servir de hábitat para estas especies.
Este regreso no es solo el de un ave. Es la prueba de que cuando el Estado, las instituciones especializadas y la comunidad trabajan juntas, la conservación de la biodiversidad es posible. También es un llamado a la conciencia: el uso indiscriminado de cebos tóxicos pone en riesgo a especies protegidas y al equilibrio de nuestros ecosistemas.
Desde el gobierno de Jujuy destacan que "cuidar al cóndor es cuidar nuestra identidad, nuestro ambiente y nuestro futuro". Por eso también hicieron una reflexión: "Que el vuelo de Kuntur Kuteq nos recuerde que cada acción cuenta, y cada esfuerzo en favor del cuidado, la conservación y el aprovechamiento sostenible ambiente es valioso".